Orión, el cazador desgraciado

     Al igual que la mayoría de los gobernadores en otros mitos griegos, el rey Enopión se sentía amenazado con la presencia de semejante héroe en sus dominios y planeó su asesinato enviándole a una gesta peligrosa. El rey prometió que entregaría la mano de su hija a Orión si el famoso cazador lograba liberar la isla de todos los animales que la plagaban.


     Orión era hijo de Posidón y Euríale y en la mitología griega es, además, el más famoso cazador. Una vez, al visitar la isla de Quíos, se enamoró de Mérope, hija de Enipión y Ariadna y nieta de Dionisos, el dios del vino.

     Nuestro protagonista estaba dispuesto a conseguir a la joven Mérope y, día tras día, apilaba en palacio las pieles de animales degollados, pero Enopión seguía diciéndole que había más criaturas acechando en las cuevas, en las montañas y entre la maleza. No quería aceptar la promesa que le había hecho y es que, aunque suene monstruoso, sentía un deseo sexual irrefrenable por su hija.

     Una noche, Orión bebió en exceso. Su estado de embriaguez le impidió contenerse y violó a la desventurada Mérope. Al día siguiente, el rey Enopión fingió no haberse enterado de semejante suceso pero convocó a su padre, Dionisos, para vengarse del joven cazador. El dios le proporcionó el más fuerte de los vinos y Enopión, cuyo nombre significa <<vino en abundancia>>, insistió en llenar la copa de Orión una y otra vez con aquella consistente bebida. Cuando Orión cayó rendido y borracho no lo quedó otra que contestar con la verdad a todas las preguntas que le hacía Enopión y fue así como confesó que había violado a Mérope.

     El rey corrió hacia él y en el forcejeo le arrancó los ojos y los arrojó con todas sus fuerzas fuera de palacio. Orión renqueó a ciegas, desangrándose, hasta la playa de Quíos, suplicando la ayuda de los dioses del Olimpo y se oyó la voz de Zeus:

Orión, recuperarás la vista si viajas lejos hacia el este y logras dirigir tu mirada hacia el horizonte, en el punto donde antes asoma el carro del Sol.

     Orión caminó a tientas por la playa hasta que posó las manos sobre una barca, la cual usó para llegar al punto que los dioses le habían indicado, el extremo más oriental donde la diosa del alba, Eos, posa sus dedos rosados y prepara el cielo nocturno para que sea destruido por los caballos que tiran del carro del Sol.  Allí, Orión recuperó la vista y la diosa se enamoró de él. El joven cazador se quedó con Eos y fue su amante durante un tiempo, pero ansiaba la venganza, de modo que se puso en marcha hacia Quíos en busca del rey Enopión. Resultaba imposible localizar al rey porque se había escondido en una gruta subterránea que solo él mismo conocía, pero Orión siguió viajando dispuesto a dar con él. 

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La diosa Eos velando el cadáver de Orión ante el intento en vano de Asclepio por resucitarle

 

     Entretanto, el dios Apolo planeaba una venganza a Orión, pues no le agradaba demasiado que Eos le hubiera aceptado como amante y se hubieran entregado a la pasión desenfrenada en su isla sacrosanta, Delos. Además le preocupaba la castidad de su hermana Artemisa, diosa de la caza, pues se había enterado de que Orión estaba en su grupo de cazadores cuando la diosa tenía prohibido su relación con varones. 

    Apolo fue a visitar a Gea, diosa de la tierra, y le informó de que Orión pensaba matar a todos los animales que ella había creado para el mundo. Gea envió un escorpión gigante para que matara al insolente cazador antes de que matara a otro de sus hijos. Al no poder matarle, Orión se sumergió en el mar y Apolo aprovechó para pedirle a Artemisa que le disparase usando como excusa la mentira de que era un pordiosero que le había ofendido.

     Una firme flecha atravesó la cabeza de Orión, a quien le fue destinada una constelación creada por la misma Artemisa al enterarse de que quien había matado era en realidad su más fiel compañero de caza. Al lado de la nebulosa de Orión siempre brillaría el gran escorpión, Escorpio. Antes ya le había suplicado al mejor médico de la mitología griega, Asclepio, que le devolviera a la vida y fue entonces cuando Zeus le destruyó por intervenir en el orden de la muerte de las criaturas que poblaban el planeta de los mortales.


GCL

Fuentes: http://mythogogy.blogspot.com.es/2014/06/blog-post_2960.html


6 respuestas a “Orión, el cazador desgraciado

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